Una mina de trufas

2015-09-23 11:54

La Universidad de Murcia ensaya en Abanilla la restauración de una cantera de áridos con un cultivo de hongos

·La Verdad -MIGUEL ÁNGEL RUIZ20 septiembre 201500:44

 

¿Es posible obtener un manjar en un espacio tan inhóspito como una cantera? La Universidad de Murcia considera que sí, aunque el objetivo sea un producto tan delicado y valioso como la trufa y el campo de cultivo una explotación de áridos para la construcción. Así de original es el experimento que se desarrolla en las estribaciones de la Sierra de Quibas (Abanilla), en el paraje de Balonga, donde se ha sustituido la tradicional restauración ambiental mediante reforestación con pinos y arbustos por una plantación de encinas y jarillas micorrizadas: las encinas, preparadas en laboratorio para producir trufa negra y trufa de verano, y las jarillas destinadas a generar trufas del desierto. Y con patente murciana, pues Thader Biotechnology es una empresa surgida del Grupo de Micología de la Facultad de Biología que rentabiliza en el mercado sus investigaciones y es pionera a nivel mundial en la comercialización de plantones con hongos asociados.

«El hongo ayuda a fijar y compactar el terreno porque su cuerpo vegetativo se extiende a gran profundidad, así que este procedimiento no es nada descabellado. Además, hay demanda para las trufas», explica la profesora de Biología Vegetal Asunción Morte Gómez, fundadora de Thader Biotechnology -'spin off' de la UMU- junto con el fallecido Mario Honrubia.

El sustrato de la cantera, con un grado de acidez elevado, es favorable en principio para la fructificación de las trufas, aunque aún es pronto para saber si los cultivos van por buen camino: la plantación se inició hace dos años y aún habrá que esperar a la próxima primavera para recoger las trufas del desierto (o turmas), dentro de cuatro se espera obtener las de verano y no antes de seis, si hay suerte, la apreciada y exquisita 'Tuber melanosporum', un diamante gastronómico que se 'cocina' bajo tierra a fuego lento.

Valor añadido

A Asunción Morte aún le sorprende que este proyecto lo plantease la empresa propietaria de la cantera, Áridos Abanilla, pues sus clientes habituales de planta micorrizada, algunos en Israel, Arabia Saudí y Estados Unidos, tienen un perfil muy diferente. Para el responsable de esta empresa, José Antonio Pérez Navarro, no es tan extraño: «Conocíamos los avances de este grupo de investigación y queríamos aportar valor añadido a la restauración ambiental de la cantera», que se extiende sobre cuarenta hectáreas y sigue activa a pocos metros del espacio que ocupan las plantas truferas. «Partiendo de estas premisas, surgió esta iniciativa que aúna innovación y compromiso social, tan importante en un sector que tradicionalmente ha tenido mala imagen», añade.

La transformación de una parte de esta cantera en un coto trufero cuenta con el apoyo de la Consejería de Desarrollo Económico, Turismo y Empleo, que valora la forma en que se ha combinado «innovación e investigación en la reutilización de un recurso minero, y la producción de un bien tan preciado y de alta rentabilidad como las trufas, cuyo cultivo se asocia a diferentes variedades de arbustos y árboles, y que, por tanto, contribuye a la regeneración medioambiental a la vez que produce riqueza y nuevas oportunidades de negocio. Un ejemplo a seguir y a extender al resto de explotaciones mineras de la Región carentes de actividad a día de hoy», señala este departamento.

Aunque es una práctica que se está perdiendo, la recolección de turmas era una tradición en Sierra Espuña y pedanías altas de Lorca. Precisamente, el Grupo de Micología de la UMU realizó la primera plantación de trufa del desierto del mundo en 1999 en Zarzadilla de Totana.